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Delante del Teatro Principal de Alicante, tras el ensayo
general del Concierto para violín y orquesta (1988)



Concierto para violín y orquesta



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Una de las obras que considero entre las más importantes dentro de mi producción —o, al menos, de las que me siento más satisfecho—, es mi Concierto para violín y orquesta, compuesto en 1987 por encargo del Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante. Me parece que resume a la perfección mis planteamientos estáticos de ese momento —vigentes, hoy, en su mayor parte—, así como supone un punto de encuentro de una serie de procedimientos que me son especialmente queridos. En mi catálogo, este Concierto supone una especie de balance general, en el que se dan cita una serie de inquietudes y obsesiones apuntadas en obras anteriores, que quedan definitivamente exorcizadas en ésta.
Lo que, en líneas generales, planteo en esta obra es un recorrido por un mundo estético deliberadamente carente de "uniformidad" —en cuanto a que ésta se entienda centrada en un único estilo o lenguaje—, pero no por ello de una coherencia que no viene dada tanto por la economía de los medios utilizados, como por la existencia de elementos de carácter tímbrico y armónico que contrastan entre sí en la misma medida en que se complementan.

Cartel del IV Festival Internacional de Música Contemporánea
(Alicante, septiembre de 1988)

El Concierto consta de tres movimientos claramente diferenciados. El primero de ellos plantea un juego de contrastes y oposiciones tímbricas entre el violín y la orquesta. Esta última produce únicamente ruidos —entendiendo dicho término a la antigua, como sonidos indeterminados, o no previamente determinados— por medio del empleo de golpes con los nudillos y tamborileos con los dedos sobre la tapa de los instrumentos de cuerda, junto con la utilización por parte de la percusión de instrumentos de membranas no afinadas (la parte de percusión es tan importante en esta obra que bien podría denominarse "Concierto para violín, percusión y orquesta"). Sobre esa atmósfera se desenvuelve el discurso del violín, generándose una oposición clara entre ruido y música, estando ésta concebida a lo largo de este movimiento en un lenguaje atonal libre, en el que se plantean diferentes ideas temáticas que luego reaparecerán a lo largo de la obra, en un claro tratamiento cíclico de las mismas.
El segundo movimiento, casi un rondó clásico en cuanto a la forma, hace las veces de scherzo de la obra. La sección principal, tomada prestada de la Sonata da chiesa para viola y piano de 1987, está escrita dentro de los principios dodecafónicos más estrictamente académicos. A modo de estribillo aparece por dos veces, y en cada una de ellas se utilizan únicamente 24 de las 48 series dodecafónicas derivadas de una serie principal. Ahora bien, me permití una variante lúdica que hace que toda la aparente seriedad del método pierda su rigor y se desmorone. En cada intervención de la serie, ya sea en su forma original, invertida, retrógrada o retrógrada invertida, así como en todas sus transposiciones, he omitido deliberadamente una nota: el sol. Debido a ello, no hay dos series iguales, ya que todas se diferencian en el punto en que el sol deja su hueco, modificando por consiguiente todo el conjunto de la serie. Como detalle scherzante, el sol, destacado por su ausencia a lo largo de todo el estribillo, cierra ambas intervenciones del mismo, siendo su presencia esta vez enfatizada por presentarse en solitario y duplicado en toda la orquesta.
Ese juego de ausencia, primero, y presencia, después, de la nota sol, consigue poner énfasis en dicho sonido, tomándolo como base de la evolución estilística posterior del Concierto. Tras una primera cadencia se reexpone el estribillo, utilizándose ahora las 24 series no utilizadas la vez anterior. La segunda copla corre a cargo de una sección dramática, en la que los sonidos más agudos del violín se superponen, en una dialéctica imposible, a los sonidos más graves de los fagotes, las trompas, los trombones y la tuba. Ese clima se rompe para dar paso a una coda, en la que se recupera el carácter scherzante de este segundo movimiento, y en la que empleé procedimientos repetitivos que van poco engullendo al solista, hasta llegar a anularlo por completo.
Tras esa coda tiene lugar una larga cadencia del solista, en la que el lenguaje se va aproximando de una atonalidad domesticada por el tratamiento serial a un modalismo que no tardamos en identificar como relacionado con el modo frigio que tiene por tónica precisamente la nota sol (la elección de esta nota tampoco es gratuita: recuérdese que es la nota más grave del violín). Esta cadencia da paso a una sección de transición hacia el tercer movimiento, en la que durante dos minutos orquesta y solista despliegan una única sonoridad estética, basada en el acorde de do mayor. Con ello se ha producido una nueva transformación: el sol, tónica frigia, ha cambiado de función, como diríamos en una clase de armonía, y ha pasado a comportarse como dominante, produciéndose una modulación al tono de Do mayor.
Esa entrada en el nuevo clima armónico generado por la presencia aparentemente estática, pero de un gran dinamismo interior, como ha podido apreciarse, de la armonía de Do mayor, no tarda en derivar hacia un amplio fragmento de música compuesta en un lenguaje francamente tonal, que atraviesa por una serie de secciones centradas respectivamente, en las tonalidades de Do mayor, si menor, do# menor y nuevamente Do mayor. Como es obvio, las dos tonalidades intermedias, si menor y do# menor, actúan con carácter de floreo o bordadura de la tonalidad de Do mayor principal. Al término del tercer movimiento, la música vuelve al clima inicial, recapitulándose el mundo tímbrico de la oposición entre ruido y música, dentro del mismo tratamiento atonal libre. En un acto final de humildad, el solista deja su arco y se integra, tamborileando y golpeando su instrumento, en el grupo orquestal, que desaparece paulatinamente, dejándole sólo en ese —para él, nuevo— clima sonoro.

Programa del estreno del Concierto para violín y orquesta

El Concierto para violín y orquesta fue estrenado el 25 de septiembre de 1988 en el Teatro Principal de Alicante, en el marco del IV Festival Internacional de Música Contemporánea. Fueron sus intérpretes Víctor Martín y la Orquesta Sinfónica de Tenerife, dirigida por Víctor Pablo Pérez. Entre sus numerosas interpretaciones posteriores destaca la dirigida en 1990 en el Festival de Granada por Gennady Rozdestvensky, siempre con Víctor Martín como solista.

El violinista Víctor Martín (1940-2017)

Los mismos intérpretes del estreno protagonizaron en 1991 la primera grabación de la obra, que fue publicada en 1995 en un CD del sello Discobi. Esa misma grabación integró, junto con el Concierto para piano y orquesta, un CD monográfico editado por el Festival de Música de Canarias y publicado en 2005 en el sello Col Legno. En 2014 fue nuevamente grabado, esta vez con Ara Malikian como solista y la Orquesta de Córdoba dirigida por José Luis Temes, para un nuevo CD monográfico del sello Verso, junto con Exequias (In memoriam Fernando Zóbel).

Portada del CD del sello Discobi (1995)

Portada del CD del sello Col Legno (2005)
(Ver crítica más abajo y pinchando este enlace)

Portada del CD del sello Verso (2014)

Con Ara Malikian y José Luis Temes, en un descanso
de la grabación (Córdoba, mayo de 2014)

Primera página del Concierto para Violín y Orquesta

Primera página del segundo movimiento del Concierto para Violín y Orquesta

Primera página del tercer movimiento del Concierto para Violín y Orquesta



Textos relacionados


Correa Cruz, Víctor
José Luis Turina: Aesthetics and technical features through the study of his Concerto for Violin and Orchestra (1987)
Tesis doctoral (partes I y II). Universidad de Carolina del Sur, 2005



Críticas


JL TURINA. Piano Concerto; Violin Concerto
Por Erik Levi
(Crítica publicada en la revista BBC Music Magazine, en enero de 2006)
Tanto si José Luis Turina está emparentado o no con su más famoso predecesor Joaquín, ambos compositores españoles participan de una fascinación común por la exploración de suntuosos colores instrumentales. En el caso de estos dos conciertos, compuestos entre mediados de los 80 y mediados de los 90, José Luis está igualmente interesado en los desafíos estructurales planteados al enfrentar un solista virtuoso contra el fondo de una orquesta profusamente instrumentada. En ambas obras utiliza un lenguaje musical altamente ecléctico que tiene en cuenta altos niveles de disonancia así como momentos de sencillez.
La franqueza de la expresión es inmediatamente evidente en el llamativo comienzo del Concierto para Piano. Un elemento rapsódico acaba llegando a la mano derecha con una sucesión de prolongadas cadenzas del piano, seguidas de una sección de carácter más scherzante. En una primera audición, la obra no resulta tan convincente como el más temprano Concierto para Violín, cuyos tres movimientos participan de un carácter musical claramente definido, particularmente notable por el estimulante diálogo entre el violín y la percusión sola.
Las magníficas interpretaciones de los dedicatarios originales de ambas obras, registradas con un sonido brillante, hacen de ésta una publicación fascinante.
Erik Levi

Interpretación: ***
Sonido: ****

Un memorable concierto de clausura
Por Guillermo García-Alcalde
(Crítica publicada en el diario La información de Alicante el 26 de septiembre de 1988)

El concierto de clausura, ayer noche en el Principal, convocó todas las condiciones de gran acontecimiento: estreno absoluto del último encargo del CDMC para el Festival (el Concierto para violín de José Luis Turina), audición de un compositor alcoyano (Vícmar de Javier Darias), orquesta en plétora de facultades (la Sinfónica de Tenerife) director joven en subida irressistible (Víctor Pablo Pérez), violinista en gran momento (Víctor Martín) y cantante en debut afortunado (Margarita Zimmermann). Una pieza inmortal, El amor brujo de Falla, fue culminación de lucimientos y entusiasmos. El teatro estaba lleno, presentando la mejor entrada de una semana intensa que en conjunto pone muy alto el listón de estas citas de contemporaneidad en Alicante.

El concierto de Turina para violín y orquesta compendia un “estado de la cuestión” de la música novísima en España y el mundo. Tradición e invención se hacen complementarias e interdependientes para vertebrar uno de los resultados más ricos e imaginativos de nuestra última generación de compositores. Talento y oficio son, igualmente, mimbres inseparables de esa escritura que transmite, en primer lugar, el sello de una “personalidad sonora” hecha y madura. El “klangideal” de un autor de la edad de Turina es todavía, necesariamente, una cuestión en proceso. Pero los datos privativos están presentes e individualizan con fuerza su pensamiento y lenguaje. La obra estrenada se apoya en tres realidades: la capacidad de suscitar una expectación auditiva o una tensión en espera de los acontecimientos que se insinúan, llegan, pasan e incluso se repiten sin agotar sus cargas poéticas: la maestría en la fijación del punto exacto de equilibrio de la efusividad expresivista y el rigor constructivo; y la elegancia, la alacridad, el refinamiento de las mezclas colorísticas, las secuencias de movimiento, los relieves instrumentales y la diáfana entidad de todos los motivos, sean en solos, por secciones o a “tutti”.
La riqueza de la paleta sonora y el instinto de las proporciones consienten a Turina delimitar cada bloque temático y precisar cada elemento lingüístico con un pulso, una economía y un criterio dosificador admirables. La circularidad de algunos motivos del concierto, el carácter y la perfecta coherencia de la distribución de sus partes permiten al violín solista un discurso libre y fantaseador, un escape permanente al carácter cadencial y un aire improvisatorio que Víctor Martín ha servido y expresado prodigiosamente, con el dominio técnico de una obra de gran repertorio y las aparentes licencias de una estructura abierta. Sonido hermoso, cantabile excepcional y virtuosismo de la mejor ley, sin aparatosidad ni pirotecnia, fueron la aportación del solista a un éxito rotundo, trabajado con minuciosidad y entrañamiento excepcionales por la Orquesta de Tenerife y Víctor Pablo Pérez. Todo está presentado con brillo, exquisitez y emoción: los giros romantizantes, las entradas en la tonalidad, la originalidad de la generación sonora, las sutilezas dinámicas y la enervante especulación sobre un misterio que puede ser, en una palabra, el de la belleza. Nada más y nada menos.
[…]



La Sinfónica de Tenerife bajó triunfalmente el telón
Por Sergio Balseyro
(Crítica publicada en el diario "La Verdad". Alicante, 27 de septiembre de 1988)

La jornada de clausura de este festival, el pasado domingo, contempló en el Teatro Principal la mayor afluencia de público y uno de los mayores éxitos entre los estrenos, el Concierto para violín y orquesta de J. L. Turina. […]
La calidad del concierto de la Sinfónica se acrecentó con la presencia del violín solista Víctor Martín, concertino de la Orquesta Nacional, quien tuvo una inspirada velada, y del director titular, Víctor Pablo Pérez, quien condujo a la orquesta con autoridad y expresión.
[…]
El estreno absoluto del Concierto para violín y orquesta de José Luis Turina no defraudó en absoluto las expectativas que había suscitado. Víctor Martín asumió con brillantez y sensibilidad el papel protagonista del violín a lo largo de toda la obra, mostrando su virtuosismo especialmente en cadencias y en la vertiginosa coda final. Todo un homenaje al violín, fuertemente aplaudido.
[…]



Clausura del Festival de Alicante, con estreno absoluto de José Luis Turina
Por Leopoldo Hontañón
(Crítica publicada en el diario Abc el 27 de septiembre de 1988)

[…]
No ya sólo atractivo, sino digno de ser considerado como un hito dentro de estas pruebas alicantinas, en las que, por otro lado, no han faltado los acontecimientos destacados, ha sido el concierto de clausura del teatro Principal. Por varias razones, de las que el estreno absoluto de la obra encargada a José Luis Turina (Madrid, 1952), un espléndido concierto para violín y orquesta, es la primera. Nos hemos encontrado, de entrada, en la audición de esa primicia alicantina, con una irreprochable, perfecta escritura violinística a lo largo, prácticamente, de su media hora de duración en la que son escasos los momentos en los que el instrumento solista permanece “tacet”. Perfección que se me antoja que trasciende la que sería demasiado simple explicación de que Turina había sido otrora concienzudo trabajador de la mecánica y la técnica violinística. Hay demasiado componente puro y estrictamente creador en cuanto se le hace decir al solista como para reducirlo a acierto caligráfico. Está luego -¿o antes?- el formidable trabajo macroestructurador de lo formal. Lo de menos es que se apunte una organización tripartita envuelta en solución paracíclica. Lo de más es con qué agudeza se arma el todo con la yuxtaposición de sucesivos aconteceres agonísticos entre solo y orquesta, con formaciones por sí mismas de una coherente arquitectura.
El nuevo concierto de violín tuvo un éxito de grandes proporciones, compartido por el autor con los intérpretes: que hora es ya de decir que fueron Víctor Martín y la Orquesta Sinfónica de Tenerife, conducida por su nuevo titular, Víctor Pablo Pérez. La labor solística de Martín no creo que hubiera podido ser mejorada por violinista alguno, de aquí o de fuera. La responsabilidad con la que había asumido el compromiso, unida a su colosal clase de instrumentista, a su alta capacidad de comprensión para cualquier propuesta estilística, a su inigualable sonido y a la enorme variedad de sus recursos técnicos, proporcionaron un auténtico espectáculo de arte. Espectáculo que cobró su más redonda significación con la magnífica no menos responsable contribución de la agrupación sinfónica tinerfeña -con cita especial aquí para una percusión exacta y matizadora-, muy bien llevada por Víctor Pablo Pérez.
[…]



"El amor brujo", de Falla, brillante colofón a dos destacadas actuaciones de la Orquesta de Tenerife
Por José Guerrero Martín
(Crítica publicada en el diario "La Vanguardia". Barcelona, 28 de septiembre de 1988)

Brillante y apoteósico punto final el que puso al IV Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante la Orquesta Sinfónica de Tenerife, bajo la dirección de su titular Víctor Pablo Pérez. Vaya por delante que se trata de una estupenda formación orquestal en la que los españoles están en aplastante minoría y en la que los extranjeros proceden de más de diez nacionalidades. Su perfecto empaste, su calidad en todos los grupos y su profesionalidad indiscutible dan como resultado un sonido cálido, mórbido y acariciante. En cuanto a Víctor Pablo Pérez es ya un gran director cuya juventud le va a proyectar enseguida a cotas muy altas en la dirección musical.
[…]
El estreno absoluto de Concierto para violín y orquesta de José Luis Turina quedará en la memoria de todos cuantos hemos podido escucharlo en esta ocasión. Obra de gran envergadura, homogénea, compacta, en el que el dominio orquestal y la posesión de un oficio sin fisuras quedan de manifiesto, Turina logra desde el principio un clima de expectación a partir del cual la atención del oyente ya no cesa ni un segundo. Partitura hermosa y sorprendente, en la que la tensión se va descargando intermitentemente tras una eclosión derivada de un paulatino proceso ascendente, cuenta con el hilo conductor de la parte de violín, imaginativa y verdaderamente grata, que en este estreno ha contado con un magnífico Víctor Martín, pleno de forma y de sensibilidad.
[…]



Cierre del Festival de Alicante
Por Víctor Burell
(Crítica publicada en el diario "Cinco días". Madrid, 28 de septiembre de 1988)

La última jornada del IV Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante ha sido un éxito, tanto por la elección de las obras que componían el programa como por la interpretación de las mismas, a cargo de nuevo de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, conducida esta vez por su director titular, Víctor Pablo Pérez.
La agrupación, con intérpretes de la talla de los primeros violín, viola, violonchelo, oboe, clarinete y flauta, logró devolvernos a la opinión de que esta orquesta canaria es hoy en día la mejor con la que cuenta España.
[…]
Lo contrario habría de ocurrir con la actuación de Víctor Martín como solista del Concierto para violín y orquesta de José Luis Turina, encargo del CDMC, que requiriendo un protagonismo absoluto del violín, tuvo una traducción seguramente insuperable en sonido y afinación, y primordialmente por la comprensión de la obra. Heredera ésta del espíritu de los grandes conciertos de la historia, crea un carácter tal de tensiones que sus proporciones (más de treinta y cinco minutos) nunca aparecen estiradas, tanto por la coherencia general como por la permanente inventiva que deja prácticamente exhaustas las posibilidades del instrumento. La riqueza de una percusión libérrima, el dramatismo en el empleo de los metales y el parco tratamiento de la cuerda, que se acentúa en los que podría considerarse tercer movimiento, con una originalidad en acuerdo con el tonalismo, hacen de la composición una obra definitiva en el panorama de la música actual.
[…]



El despegue de los jóvenes
Por Arturo Reverter
(Crítica publicada en la revista "Scherzo". Noviembre de 1988)

Se ha podido ver —y este certamen alicantino cumple así una de sus finalidades principales— que hay entre los más jóvenes creadores buenas dosis de talento, aún en bastantes casos por depurar y tamizar, y se ha comprobado que, aunque dispersa estilística y técnicamente, existe una generación no exenta de preparación y con algunas cosas que decir. Tres obras orquestales han acaparado buena parte de la atención de los últimos días.
[…]
En José Luis Turina sorprende menos la obtención de un clima, de unos efectos y la consecución de un equilibrio musical en el que dé la sensación de que todo está en su sitio, de que no hay una repetición de más. Ocnos, estrenada este año en Madrid, era un ejemplo. Lo es también, aunque a nivel inferior —con un grado mayor de concesiones—, su Concierto para violín, presentado ahora en Alicante. La seguridad de trazo, la claridad de escritura son evidentes; el atractivo tímbrico y el permanente jugueteo con la armonía clásica, también. Propone Turina un interesante diálogo entre un violín (bien tocado por Víctor Martín) afinado al modo tradicional, con una escritura en la que abundan las frases y los acordes propios del virtuosismo paganiniano, y una orquesta magistralmente empleada, cuidada con exquisita finura, trabajada generalmente con otras pautas armónicas; sobre todo en la primera y tercera secciones. El contraste entre el canto del solista y el tejido y sonoridad del conjunto, construido con timbres de parches, leves percusiones, golpes de dedos en la superficie de los instrumentos de arco, los pizzicati paulatino de éstos, es excitante, como lo es la danza ancestral insinuada bajos estos elementos. Es admirable —aunque esconda una evidente concesión a la galería, por llamarla de alguna manera— la forma en la que la cadencia final del segundo movimiento enlaza con el ripieno. El aire balanceante, la entrada lenta, por grupos, de las cuerdas irisadas, el largo crescendo que sostiene todo dinámicamente, los ecos ravelianos… Todo contribuye a obtener un momento de gran belleza e impacto. Excelente la labor de la Sinfónica de Tenerife y de Víctor Pablo Pérez.
[…]



José Luis Turina, un maestro de hoy
Por Enrique Franco
(Crítica publicada en el diario El País el 24 de mayo 1990)

La Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por José Ramón Encinar, tuvo a su cargo el quinto concierto del cielo que organiza la Comunidad de Madrid. No hubo gran asistencia de público, quizá por "sobrecarga", como dicen en la Telefónica, pero sí reinó un clima interesado y entusiasta. Encinar multiplica sus actividades; no se sabe de dónde saca tiempo para montar y dirigir una y otra obra distintas, siempre abordadas con seriedad y expuestas con bella musicalidad.
[…]
Después, el Concierto para violín, de José Luis Turina, excepcionalmente interpretado en su parte solista por Víctor Martín, volvió a dejarnos la impresión de temprano magisterio tan frecuente cuando escuchamos partituras turinescas. Si el abuelo levantara la cabeza... (me refiero a don Joaquín, el de la Sinfonía sevillana) supongo que colmaría de bendiciones a su descendencia a pesar de las diferencias de estilo y de técnica. Nada amaba Turina tanto como la perfección de escritura, y en esto su nieto José Luis merece todos los aplausos recibidos, la admiración y la estima que le rodea.

Obra bien hecha
"La obra bien hecha", abanderada por Eugenio D'Ors, tiene en el músico madrileño un ejemplo excelente. Lo es también su capacidad de comunicación a pesar de la contemporaneidad sustancial de sus obras. Pero la sustancia es, probablemente, lo contrario de la manera, el modismo o el tic, al igual que el equilibrio y el camino que todo discurso musical debe cubrir resulta imposible sin algún concepto de la forma, sin una organización interna que sustente el conjunto de la obra y sin una cierta noción de plan rítmico. De todo ello hay en el concierto de Turina en cantidad suficiente como para llenar muchas hojas de comentario, sobre todo después de la versión desveladora de Encinar y los sinfónicos.
[…]



El violín de José Luis Turina
Por Álvaro Guibert
(Crítica publicada en el periódico Diario 16, el 24 de mayo de 1990)

[…]
Pero el escaso interés de estas obras se vio compensado con creces por el delicioso, y muy largamente aplaudido, Concierto para violín y orquesta del compositor José Luis Turina, al que sirvieron de marco.
José Ramón Encinar supo conseguir en la Sinfónica -que se ha aupado ya a la primera fila de nuestras orquestas- un sonido espléndido y planteó una versión impecable de la nada fácil parte orquestal.
En cuanto a Víctor Martín, parece el intérprete ideal de este difícil concierto. Las sutilezas de su fraseo, su asombrosa facilidad, la calidad de su sonido, pero, sobre todo, la musicalidad al conectar con el mundo estético de la obra tejieron una versión acertadísima. Mejor aún que la que él mismo ofreció el día del estreno de este Concierto en el Festival de Alicante de hace dos años.
Este Concierto, que fue largamente aplaudido, tiene un confesado carácter de homenaje al instrumento. Y de rebote, lo tiene también de regalo al espectador, que se ve abrumado por la carnalidad con que Turina exhibe el potencial expresivo del violín y por la maestría con que resuelve el diálogo solista-orquesta.
José Luis Turina ya no tiene que demostrar nada. A su edad es ya un maestro, reconocido por todos, dueño de un estilo inconfundible, de una técnica pasmosa, de una musicalidad exquisita, autor de, al menos, una decena de obras de mucha calidad. En la medida en que acepte y ejerza la libertad estética que esta merecidísima posición le otorga, ocupará un puesto clave en nuestra historia de la música.



La JORCAM: lo contemporáneo y el repertorio
Por Santiago Martín Bermúdez
(Crítica publicada en el número 339 de la revista Scherzo. Madrid, abril de 2018)

El Concierto para violín de José Luis Turina expone a solista no sólo a la agresividad de la familia de la percusión (que a veces afloja como dándole cuartel, respiro), sino a la acogedora o al menos no tan aplastante acogida de otras familias. Porque, se diría, esto va de familias junto o frente al solista. No se trata de acompañamientos sólo camerísticos; va algo más allá en la cantidad de músicos, va hasta las familias instrumentales, desde la contundencia percutiva del principio hasta la sutileza de tramas del corazón de la pieza (tres movimientos, sin título, para qué). Y esas familias marcan la trama, más que la tímbrica. Solista y familias (cuerdas, maderas, por ejemplo) forman un crecimiento que es una trama. El virtuoso, Luis Esnaola, se desenvuelve imparable junto a esas familias y llega a la culminación de la obra con la complicidad de Jordi Francés: una culminación que no coincide con el ápice decibélico. Los compositores contemporáneos, es sabido, a menudo nos asustan con fortísimos inopinados que estropean las obras.
Lo más sutil (palabra desgastada, sí, pero que indica lo delgado frente a lo grueso) es lo más penetrante; no lo más profundo ni lo más pretencioso: la elegancia del (más o menos) corazón de la pieza, ese al parecer rondó que al parecer es scherzo, ahora que las formas no mandan, sino que obedecen. Y menos aún cuando se compuso esta obra, que es de 1987. Turina demuestra con obras como ésta, de antaño, mas también con las que ocasionalmente le oímos hogaño, que es uno de los compositores españoles de auténtica talla artística. Este Concierto para violín ha tenido la suerte de estar hoy en manos de quien ya invocábamos, el del joven virtuoso Luis Esnaola, que parecía muy partícipe con el conjunto de jovencísimos y entregados músicos de la JORCAM. Esnaola no estaba en el mundo cuando se estrenó el Concierto de Turina. Entonces lo estrenó el inolvidable Víctor Martín, otro enorme virtuoso.
[…]


Grabaciones


Grabación: Víctor Martín y la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Director: Víctor Pablo Pérez (CDs Discobilbao y Col Legno)

Primer movimiento

Segundo movimiento

Cadenza y tercer movimiento


Enlace YouTube: Ara Malikian y la Orquesta de Córdoba. Dir.: José Luis Temes (grabación CD Verso, 2014)

Primer movimiento
Segundo movimiento
Tercer movimiento


Vídeos


Video 1 (TVE): Víctor Martín y la Orquesta Nacional de España. Director: Víctor Pablo Pérez

Madrid, Auditorio Nacional de Música, 21 de enero de 1992. Concierto inaugural de Madrid Cultural

I. Primer movimiento


II. Segundo movimiento


III. Cadenza y tercer movimiento


Video 2. Luis Esnaola y Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: Jordi Francés

Madrid, Auditorio Nacional de Música, 3 de abril de 2018



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(Partitura y particellas sin marcas de agua disponibles en www.asesores-musicales.com )

Partitura del Concierto para violín y orquesta

Parte del solista del Concierto para violín y orquesta