Crucifixus

Para 20 instrumentos de Cuerda y Piano


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Crucifixus fue compuesta en un tiempo récord -poco más de tres días- para poder llegar a tiempo de ser presentada a la quinta edición del Concurso de Composición Musical "Trofeo Arpa de Oro" de la Confederación Española de Cajas de Ahorros", que en aquellos años se había convertido en el acontecimiento más importante de la vida musical española en lo relativo a la música contemporánea.




Programa del estreno de Crucifixus (Madrid, 30 de enero de 1979)

Quedó finalista, junto con obras de Claudio Prieto (el ganador), José garcía Román (segundo premio) y Joan Guinjoan, tras su estreno en el Teatro Real de Madrid, el 30 de enero de 1979, interpretada por un conjunto de profesores de la ORTVE dirigidos por José María Franco Gil. La partitura había sido editada antes del estreno por la Editorial Alpuerto, y al poco fue llevada al disco en un doble LP del sello RCA, junto con las cuatro obras finalistas, completándose la cara que me había correspondido con el Epílogo del misterio, para mezzosoprano y piano, sobre un texto de José Bergamín.

Portada del LP con las obras finalistas del V concurso "Trofeo Arpa de Oro" (1979)

Crucifixus fue escrita en septiembre de 1978, justo a la vuelta de un primer curso de composición realizado en Santiago de Compostela unos días antes bajo la tutela de Carmelo Bernaola, que supuso un profundo cambio en mi forma, todavía incipiente, de buscar un lenguaje personal. Inicialmente escrita para 20 instrumentos de cuerda (8 violines, 6 violas, 4 violoncellos y 2 contrabajos), fue el propio Bernaola quien me sugirió que incluyera una parte de piano, con el fin de crear un contraste a la sonoridad uniforme de las cuerdas.
El hecho de que aquella edición del Concurso "Trofeo Arpa de Oro" estuviese dedicada a la memoria de Conrado del Campo me sugirió, como homenaje directo, trabajar una densa textura polifónica a través de un fugato a ocho voces a partir de la célula conocida como "crucifixus". Recordemos que este término procede del Credo latino, y que fue muy utilizado en el barroco para recrear musicalmente la representación de una cruz, mediante un giro de cuatro notas (do-si-mib-re) en el que se enlazan imaginariamente con un trazo los sonidos primero y cuarto, y con otro el segundo y el tercero. El intervalo de cuarta disminuida central confiere al diseño un especial carácter doloroso. En relación con la referencia a la cruz lo encontramos en Bach ("¡Crucifícale!" , de La Pasión según San Mateo), así como en alguna misa de Johann Kaspar Kerll y en otros autores de la época. Y especialmente significativo para mí fue su empleo como sujeto de la Fuga nº 4 de El Clave bien temperado, que trabajé en profundidad durante aquellos años, en las clases de clave que recibía de Genoveva Gálvez.

J. S. Bach, La Pasión según San Mateo

J. S. Bach, Fuga nš 4 en Do# menor de El clave bien temperado

En Crucifixus el diseño es también sujeto de un fugato inicial, pasando a desempeñar un papel importante en las secciones posteriores, de textura muy distinta, inspirando tanto los aspectos armónicos como melódicos de la pieza, en los que interviene de forma destacada.
En el año 2008, Crucifixus fue incluida en el CD "José Luis Turina. Retrato", primer número de la colección de música contemporánea española e iberoamericana de la Fundación BBVA, en versión de la Orquesta Iuventas dirigida por José Luis Temes.


Portada del CD José Luis Turina. Retrato (2008)


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Grabación: Orquesta Iuventas. Dir.: José Luis Temes


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Primera página de Crucifixus


Críticas


Crítica musical en "De música"
Por Carlos Gómez Amat
(Crítica leída en el programa "De música" de la Sociedad Española de Radiodifusión (SER). Madrid, 31 de enero de 1979)

De nuevo el Trofeo "Arpa de Oro", de la Confederación Española de Cajas de Ahorros, ha venido a animar nuestra vida musical y a presentar obras recientes de nuestros compositores. En esta ocasión, el Quinto Concurso de Composición Musical de las Cajas de Ahorros se dedicaba a la memoria de Conrado del Campo en el centenario de su nacimiento y XXV aniversario de su muerte. La idea de recordar a un gran compositor español desaparecido en este certamen anual, comenzó el año pasado con Manuel de Falla y sirve para completar el sentido cultural del concurso. Las Cajas de Ahorros logran así un doble objetivo, doblemente beneficioso para la música española.
Un jurado formado por Bernaola, Carra, Encinar, Estévez y Franco Gil, había seleccionado, entre las muchas presentadas, cuatro obras que ayer se interpretaron en el Real: Elocuencias de José García Román; GIC 1979 de Joan Guinjoan; Crucifixus de José Luis Turina de Santos y Concierto I de Claudio Prieto.
[...]
José Luis Turina es un compositor joven cuya presencia en el panorama musical español está siendo advertida por los especialistas y por los que no lo son, lo que quiere decir que tiene verdadera personalidad. Es artista que domina ya los secretos de la técnica y que va estando seguro en su línea estética. José Luis Turina parece haber encontrado un camino sintético entre ciertas esencias tradicionales y los lenguajes de nuestra época, un camino que resulta eminentemente musical y digno de aplauso.
Crucifixus, que se funda en un símbolo musical utilizado en pasados siglos, está escrito para conjunto de cuerda y piano. Este instrumento no es nunca protagonista, y su papel es el de poner particulares acentos en el transcurso de la obra. La cuerda, muy dividida, empieza en un extremado pianísimo y así termina también, como si el autor quisiera valorar el silencio, y hacer ver que esa música nace de él para perderse en él al fin. El tema de cuatro notas adquiere presencia, y su valor simbólico trasciende el sonoro. Obra melancólica, elegíaca, Crucifixus nos demuestra que José Luis Turina hace música, y no sólo porque su escritura, su grafía, sea la de siempre, sino porque ha encontrado su pequeño y gran secreto para decirnos algo con un lenguaje propio.
[...]
Un jurado que formaban Enrique Franco, Miguel Alonso, Luis de Pablo y Ros Marbá, concedió el primer premio a Claudio Prieto, y el segundo a García Román. Estamos de acuerdo en el Arpa de Oro, pero no lo podemos estar en la de Plata.
Una cosa que habría que aclarar en estos concursos que rinden homenaje a un gran compositor, es el sentido de ese homenaje. Creemos que quienes se presentan deben ser completamente libres en su creación, para lo cual se debe señalar que la indicación "In Memoriam" es sólo simbólica. Si, por el contrario, se trata del homenaje personal al artista desaparecido, todas las obras deberían tener carácter de elegía, como lo tenía en esta ocasión la de José Luis Turina. Puede que esta cuestión sea secundaria, pero no viene mal que se puntualice.
En fin, este Quinto concurso ha constituido un nuevo éxito para la labor cultural y la organización de la Confederación de Cajas de Ahorros. Las placas a los cuatro finalistas y los premios a los galardonados fueron entregados por el Director General de Música, Jesús Aguirre, y el director de la Confederación, Miguel Allué.


Estrenos de García Román, Guinjoan, José Luis Turina y Prieto
Por Antonio Iglesias
(Crítica publicada en el diario "Informaciones". Madrid, 31 de enero de 1979)

Una considerable entrada -teniendo en cuenta el carácter minoritario de estos conciertos- registró ayer tarde el teatro Real, en la final del V Concurso de Composición Musical de la Confederación Española de Cajas de Ahorros, que en esta ocasión tenía carácter de homenaje a la inolvidable figura del maestro Conrado del Campo, primero por la dedicación a su memoria de las cuatro composiciones finalistas, y después por la inclusión en una segunda parte del programa de dos obras suyas: la Obertura madrileña y los Bocetos castellanos.
Un primer jurado seleccionador eligió entre treinta y cinco partituras presentadas a este prestigioso certamen, las cuatro que ayer escuchamos y que competían por sendos trofeos denominados Arpa de Oro y Arpa de Plata.
[...]
Seguía el más joven de los concursantes: José Luis Turina, con Crucifixus, que utiliza una plantilla sencilla: veinte cuerdas y un piano. Quizá sea excesiva su duración de catorce minutos, porque permanece en climas poco cambiantes. Pero aún así, desde su inicial "pianissimo" me pareció una obra preciosa, bien elaborada y en un muy bien cuidado contrapunto, de impronta dramática -como su título le exige- y en la cual, con una interválica de sabor actual, es fruto de una evolución sensible apoyada en células que por su inherente patetismo imprimen carácter. Fue el más directo homenaje conradiano.
[...]


Cuatro estrenos para el Arpa de Oro
Por Tomás Marco
(Crítica publicada en el diario "Arriba". Madrid, 1 de febrero de 1979)

El V Trofeo Arpa de Oro de la Confederación Española de Cajas de Ahorro ha celebrado su final en el Teatro Real con la ya usual brillantez que le ha convertido en el mejor concurso musical de España por seriedad interpretativa, expectación pública, historial, cuantía de los premios y difusión, puesto que al dinero se une la edición de partitura y disco. Este año estuvo dedicado a la memoria de Conrado del Campo, de quien se escucharían la Obertura madrileña y los Bocetos castellanos (con su interesante "Procesión"). Estas obras y las cuatro finalistas del concurso fueron muy bien interpretadas por un conjunto de cámara dirigido por José María Franco Gil.
Acertó el Jurado Seleccionador con las cuatro obras finalistas, ya que tenían una gran calidad y eran muy distintas estética y técnicamente. Quizá con el nivel general medio más alto de la historia del concurso. De tal manera que si estimo justo el fallo del Jurado Final (Enrique Franco, Bernaola, De Pablo, Miguel Alonso y Ros Marbá), cualquier otro también lo hubiera sido.
[...]
Joven revelación del concurso fue José Luis Turina (1952). Atención a este nombre, dará mucho que hablar. Su Crucifixus me gustó mucho porque revela a un músico de solidísimo oficio, conocedor del contrapunto clásico y moderno, con sentido de la proporción y de la forma, además de muy musical. Hay en estas páginas una emoción del mismo tipo de la que corre en el primer tiempo de la Música para percusión, cuerda y celesta, de Bartok, o la Música fúnebre, de Lutoslawski, apresurándome a aclarar que no les debe nada directamente. Ya en el borde de madurar totalmente su lenguaje, Turina es una espléndida promesa. De momento, la referencia es que se trata del nieto del gran Joaquín Turina, pero el tiempo puede invertir los datos. A lo mejor Joaquín acabará por ser el abuelo de José Luis, algo nada malo si redunda en mejora y expansión de la música española. Y ahora a esperar que el VI Concurso tenga la misma brillantez.


Claudio Prieto, ganador del Arpa de Oro con su "Concierto I"
Por Fernando Ruiz Coca
(Crítica publicada en el diario Ya. Madrid, 1 de febrero de 1979)

Se ha celebrado en el Teatro Real el concierto en que se dirimía la fase final del V concurso de composición musical, trofeo Arpa de Oro, convocado por la Confederación Española de Cajas de Ahorros. En este acto se Interpretaban por primera vez, ante el jurado que había de conceder los premios, las cuatro obras que en la etapa precedente, eliminatoria, hablan sido seleccionadas. Un público muy numeroso acudió al teatro de la plaza de Oriente para presenciar la prueba.
Este año se habían presentado 35 partituras que optaban a los importantes premios. De ellas, el Jurado seleccionador había elegido "Elocuencias", de García Román: "Gic 1979", de Guinjoan; "Concierto I", de Prieto, y "Crucifixus", de Turina de Santos, ejecutadas en esta velada por un conjunto instrumental de cámara dirigido por José María Franco Gil, que además, siempre en versiones muy cuidadas, en la segunda parte del concierto ofreció dos páginas -"Obertura madrileña" y "Bocetos castellanos"- de Conrado del Campo, al que se dedicaba este año el concurso, conmemorando el centenario del ilustre compositor.
El jurado final, presidido por Enrique Franco y compuesto por Miguel Alonso, Carmelo A. Bernaola, Luis de Pablo y Antonio Ros Marbà, como vocales, otorgó el primer premio, dotado con 400.000 pesetas, y el trofeo Arpa de Oro al compositor palentino Claudio Prieto por su "Concierto I". El premio segundo, de 150.000 pesetas, y el Arpa de Plata lo obtuvo el granadino José García Román, autor de "Elocuencias". Los otros dos finalistas, el tarraconense Joan Guinjoan y el madrileño José Luis Turina de Santos, obtuvieron 50.000 pesetas cada uno. Los premios fueron entregados, entre los aplausos del público, por el duque de Alba, director general de Música, y el director general de la Confederación Española de Cajas de Ahor??s.
Las cuatro páginas seleccionadas presentan cualidades muy diferentes, que explican y justifican su elección. En las cuatro existe un propósito, declarado por los autores, de crear unas partituras partiendo de criterios ordenadores, muy intelectualizados "a priori". La medida en que cada uno de ellos logra transformar estas ideas previas, puramente teóricas en música, que es de lo que, en definitiva, se trata, es muy distinta. Mientras que Turina (Madrid, 1952-, nieto del famoso compositor del mismo apellido, en su "Crucifixus" alcanza una profunda y fácilmente comunicable emoción con su personalísima manera de entender el hoy extendido neoexpresionismo [...]


CLAUDIO PRIETO, ARPA DE ORO EN EL V CONCURSO DE COMPOSICION DE LAS CAJAS DE AHORROS
Por Antonio Fernández-Cid
(Crítica publicada en el diario ABC. Madrid, 1 de febrero de 1979)

El segundo premio, para García Román, y los terceros, a J. L. Turina y Guinjoán;

El Teatro Real ha servido, una vez más de fondo nobilísimo a la celebración de la prueba final del Concurso de Composición Musical de la Confederación Españolas de Cajas de Ahorros, ya en su quinta edición.

Como los anteriores, se centra en la música de cámara, sin limitaciones dentro del campo, y se dirige a estimular a nuestros compositores actuales, con el bello criterio de rendir, a la vez, homenaje a un gran maestro del pasado. Así, ahora, al insigne Conrado del Campo, ejemplo de creador, pedagogo, director, intérprete, crítico y musicólogo, del que el conjunto de profesores, dirigidos como siempre por José Maria Franco Gil, Interpretó en la segunda parte, mientras el Jurado deliberaba, dos obras significativas e inspiradas: la «Obertura madrileña» y los «Bocetos castellanos».
Antes de esta jornada un primer Jurado seleccionador, presidido por Bernaola, con Carra, Encinar, Estévez y Franco Gil de vocales, destacó las cuatro obras que habían de tener acceso a la final y hacerse con ello acreedoras a uno de los premios establecidos: el Arpa de Oro y cuatrocientas mil pesetas para la triunfadora; un segundo de ciento cincuenta mil y sendos terceros de cincuenta mil.
Pero con ser considerables las cifras, hay algo más importante y estimulador en la organización en la que tanto y tan bien lucha Ignacio Saralegui en nombre de las Cajas: la solvencia de unos elementos interpretativos cuya preparación y número no se escatiman; el hecho de que antes del concierto se hayan editado ya por Alpuerto, a impulsos del apoyo de la Confederación, las cuatro partituras; el estreno de las mismas en público; el que se reparta íntegro el aforo del Real, sin que los muchos claros de quienes pierden sus entrades lleguen a desmoralizar a los padrinos, y en fin, la garantía de expansión que las partituras citadas y la edición en un disco de las obras supone.
El Jurado de la final -presidente, Enrique Franco; vocales, Alonso Bernaola, De Pablo, Ros Marbá- siguió confundido entre el público la ejecución de las obras, sobre las que, lo mismo que de los autores, brindaba el programa de mano amplios detalles.
Cuando hay jurados y premios por medio el crítico, en señal de respeto, prefiere no establecer opiniones ni descubrir gustos personales y se refugia en la información. Género: música de cámara, desde pequeños grupos a bloques de carácter orquestal, esta vez desde los seis a los veinticuatro profesores con solista. Criterio amplificador de posibilidades, aunque puede ser que se beneficien más quienes tienen la picardía de elegir conjuntos más ricos y variados, pero bien advertido que todos pue-den hacerlo.
[...]
Un madrileño, José Luis Turina, que es nieto del famoso maestro sevillano y el más joven de las cuatro finalistas -veintiséis años, por cuarenta y siete del de mayor edad- utiliza grupo de cuerda y piano en «Crucifixus». A pesar del título, ausencia de propósito religioso. Contrapuntismo grave. Pianísimos. Diseños solistas, no todos resueltos con la misma calidad y afinación.
[...]
Duraciones equivalentes de cada página, que, sin rebasarlos, se aproximaron a los quince minutos. Versiones a cargo de un variado conjunto de cámara integrado por conocidos profesores, en su casi totalidad de la Sinfónica de RTVE. Dirigió, ya se dijo, Franco Gil, que se ve muy a gusto en estos pentagramas de hoy y se produce con solvencia.
El Jurado concedió el primer premio a Claudio Prieto, cuyo «currículum» abunda en galardones relevantes; el segundo, a García Román, y los terceros, a Joan Guinjoán y José Luis Turina.
La entrega de los premios a los autores -todos ellos presentes y aplaudidos al final de las respectivas obras- se hizo por los directores generales de Música y de la Confederación de las Cajas de Ahorros, señores Aguirre y Allué, entidad a la que los composttores de España deben la más viva gratitud por su estimulador ? generoso patrocinio, más meritorio por cuanto sirve género más lejos de las apetenclas y predilecciones del gran público.


Arpa de Oro para la música
Por Isabel Hernando
(Crítica publicada en el diario El Correo de Zamora. Zamora, 3 de febrero de 1979)

Arpa de oro. De oro refulgente es la que concede todos los años la Confederación de Cajas de Ahorro en su concurso de composición musical. Es una convocatoria seria que, en pocos años, se ha cubierto de prestigio y ha ofrecido a muchos compositores «la oportunidad». El concurso no sólo sanciona a músicos con historial sino que sirve para esa aventura apasionante de los descubrimientos. Nombres como Evangelista, Otero, Fernández Alvez han surgido de las anteriores «arpas de oro».
El premio consiste en cuatrocientas mil pesetas, al ganador, con el «arpa», más un segundo de ciento cincuenta mil y otro de consolación a los finalistas, más la edición de las partituras seleccionadas para la final y la grabación del disco correspondiente. Este año, que se disputaba el trofeo por quinta vez, han concurrido treinta y cinco partituras de las que, en un primer espigueo por un jurado «ad hoc» quedaron cuatro: «Elocuencias», de García Román; «Gic 1979» de Guinjoan; «Concierto I» de Prieto y «Crucifixus» de Turina de Santos.
[...]
José Luis Turina, nieto del compositor sevillano, muy joven, de 26 años, y tan bueno que se dice si en el futuro no se hablará del Turina sevillano como el abuelo del Turina de hoy, se presentó con «Crucifixión», que ha sido calificada como neoexpresionista y a la que se atribuye unas condiciones de emoción y conocimiento más que notables. Este sí, pertenece a la serie de revelaciones del concurso.
[...]

El "Concierto" de Prieto, y "Elocuencias", de García Román
Por Enrique Franco
(Crítica publicada en el diario "El País". Madrid, 7 de febrero de 1979)

[...]
Los dos terceros premios recayeron en Joan Guinjoan [...] y en José Luis Turina, "nuevo en estos premios". También pueden augurarse las mejores cosas de este joven compositor, capaz en su Crucifixus de lograr una potente expresividad desde matices muy pianos y de una escritura contrapuntística tan bella como excelente de factura. El oficio de Turina es ya el de un autor maduro; su pensamiento de sutil musicalidad. Desde tan seguras plataformas esperamos el vuelo arriesgado de sus próximas obras. José María Franco-Gil dirigió todas las partituras con la seguridad y conocimiento -esto es, experiencia- en él habituales.


En el Real, V Concurso de Composición de Cajas de Ahorro
Por Ángel del Campo
(Crítica publicada en el diario "Pueblo". Madrid, 8 de febrero de 1979)

Este año la Confederación de Cajas de Ahorro ha honrado la memoria de Conrado del Campo. Al frente de un conjunto de cámara, Franco Gil nos dio dos versiones limpias, honestas -sin aditivos autorizados, como también deberían declararse en las conservas y manufacturas musicales- de Obertura madrileña y Bocetos castellanos del homenajeado maestro, maestro verdadero de ejecutantes, directores, compositores y críticos, que todo eso fue Don Conrado y siempre ejemplarmente.
[...]
Crucifixus, página interiorizada, intimista, cuchichea su confesión en la penumbra de un templo vacío. Dedicada "in memoriam" a Conrado del Campo, el autor nos advierte que no fue concebida ni quiere ser encasillada como música religiosa; su título es simplemente alusivo a unas circunstancias histórico-musicales. Pese a esa advertencia se sigue oyendo en Crucifixus una alegoría místico-sonora. Digo yo. Lo que sí está, fuera de toda duda, es musitada, bisbiseada: pianos y pianísimos a tutiplén. También gustó mucho.


Claudio Prieto y su Concierto I, premiado con el "Arpa de Oro"
Por Fernando López y Lerdo de Tejada
(Crítica publicada en el diario "El Alcázar". Madrid, 8 de febrero de 1979)

En el Teatro Real de nuestra ciudad se ha celebrado una nueva final del Concurso de Composición Musical, patrocinado por la Confederación Española de Cajas de Ahorros, que ha entrado en su quinta edición y a la cual habían llegado cuatro obras que correspondían a José García Román, Juan Guinjoan, José Luis Turina y Claudio Prieto, según el orden de ejecución del programa: luego, el de los premios se adjudicaría de muy distinta forma: así, al citado en último lugar , le corresponderían las 400.000 pesetas y trofeo "Arpa de Oro" por su obra Concierto I, el segundo premio, al citado en primer lugar, que obtuvo las 150.000 pesetas y trofeo "Arpa de Plata" concedidas a la partitura Elocuencias; también hubo sendos terceros premios de 50.000 pesetas que correspondieron a las obras Gic 1979, de Juan Guinjoan y Crucifixus, de José Luis Turina (nieto del que fuera famoso compositor sevillano del mismo apellido), galardones que fueron concedidos por el jurado final, presidido por Enrique Franco y actuando de vocales: Miguel Alonso, Carmelo A. Bernaola, Luis de Pablo (compositores) y Antonio Ros Marbá, director de la Orquesta Nacional de España; dichas obras habían sido seleccionadas por un jurado que presidió el maestro Alonso Bernaola, junto con sus colegas Encinar, Estévez, el pianista Manuel Carra y el director de orquesta Franco Gil.
Las obras se presentaron en un concierto público que tuvo lugar en el citado coliseo de la Plaza de Oriente y al que acudió gran número de personas invitadas por la entidad patrocinadora del certamen, correspondiendo la entrega de galardones a los directores generales de Música y Confederación Española de Cajas de Ahorros, respectivamente. El auditorio recibió el fallo con sus mejores aplausos, respeto y educación, pero luego, a la salida de la sesión, expresaba sus puntos de vista, muy distantes del resultado que se había producido en la sala: para el crítico también existe disparidad de pareceres, aunque acata la decisión del jurado, que es inapelable, pero había composiciones con indudable mérito que debieron ser nominadas, antes que alguna de las galardonadas; además, entre los miembros del jurado había jueces y parte, al mismo tiempo, que no debieron aceptar el calificar las obras y en caso de abstenerse se rompía el "quorum" y la final habría que haberla declarado desierta por falta de "consenso". Para el crítico, el primer premio no tiene discusión, pero el segundo es más discutible y cree que las de Guinjoan y Turina tenían mayores cualidades y méritos para alzarse con el trofeo "Arpa de Plata". Al menos, ése es mi criterio personal, el cual parece coincidir con algún otro colega de la crítica y determinados compositores, llegando a un "consenso" contrario al determinado por el jurado final.
[...] Crucifixus se desarrolla en medio de un "climax" de gran belleza, su desarrollo es muy coherente, el autor domina la paleta orquestal y aprovecha todas las posibilidades que aquélla le permite y tiene indudables méritos, por el equilibrio que muestra su trazado. [...]


Bros y Cantarero en oratorio
Por Gonzalo Alonso
(Crítica publicada en el diario La Razón. Madrid, 9 de abril de 2006)

Con muchos claros en el Auditorio, posiblemente provocados tanto por la excesiva actividad de la Orquesta de la CAM como por el inicio de las vacaciones, se celebró uno de los conciertos de Semana Santa más interesantes, en un año marcado por la peculiar e incomprensible ausencia de la «Pasión según San Mateo», de Bach. Encinar programó una obra de juventud de José Luis Turina con el único oratorio de Beethoven, ese «Cristo en el Monte de los Olivos» de tan rara audición, y añadió dos solistas de referencia: Joan Bros y Mariola Cantarero.
El «Crucifixus» de Turina es obra temprana, compuesta con prisas para su presentación a un concurso que no ganó. Sin embargo, hemos escuchado muchas partituras de menor atractivo vencedoras en concursos más importantes. El título no se corresponde con una intención religiosa, sino que alude a su relación con un tema de cuatro notas que Bach introdujo en el Primer libro de su «Clave bien temperado» y que luego empleó en la gran pasión para simbolizar la imagen de la cruz. Formación exclusivamente de cuerda, con un piano apenas activo, para ensoñar casi un nocturno en el que alternan solos con secciones reducidas.
[...]
Una jornada bella, buena y breve que hizo honor al refrán.


«Cristo en el Monte de los Olivos»
Por Antonio Iglesias
(Crítica publicada en el diario ABC. Madrid, 9 de abril de 2006)

[...]
El programa de esta sesión lo abrió José Luis Turina, con su Opus 1, titulada «Crucifixus» (pese a no tener determinada connotación religiosa alguna); rebasando en algo el cuarto de hora de duración, se basa, apoya y constituye sobre un giro bachiano, pasado a veinte instrumentos de cuerda y un piano (que sorprende con sus contadas, agresivas percusiones) dentro de una predominante calma y reducida intensidad, contrastada en momentos sin embargo, escrita con esmero y, por supuesto, conocimiento de una grata textura. El éxito, bien compartido por todos, se centra en la sabia dirección de Encinar.


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(Partitura y particellas sin marcas de agua disponibles en Editorial Alpuerto )