
Portada del nº 13 de la revista
Platea Magazine(Madrid, octubre-diciembre de 2019)
En el 70º aniversario de la muerte de Joaquín Turina
Artículo publicado en el nº 13 de la revista Platea Magazine. Madrid, octubre-diciembre de 2019
Consciente de la importancia de su legado, y con el ánimo de hacer todo lo posible por protegerlo y difundirlo, desde los comienzos de mi carrera como compositor he dedicado una gran parte de la misma a trabajar sobre la música de mi abuelo, el compositor Joaquín Turina, de cuyo fallecimiento se cumplieron 70 años el 14 de enero pasado. Volver una y otra vez a su música ha sido una constante en mi actividad profesional, y como prueba de ello puedo citar la reconstrucción a comienzos de la década de 1980 de la partitura de la ópera
Jardín de Oriente, cuyo paradero era y sigue siendo desconocido, y que tuve que reescrbir íntegramente a partir del material de orquesta que estaba depositado en la Sociedad General de Autores de España. Eso, que hoy sería sencillísimo con cualquier programa informático de edición musical, supuso un laborioso trabajo de muchos meses al tener que hacerlo de forma manuscrita y compás a compás; pero tuvo su compensación al posibilitar la reposición de la ópera en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en febrero de 1982, por iniciativa de la Dirección General de Música y Teatro en conmemoración del centenario del nacimiento del compositor.

Cartel del estreno de
Jardín de Oriente(Madrid, 6 de marzo de 1923)
Al poco de terminar la reconstrucción de esa partitura, la Orquesta Bética de Sevilla me pidió que concluyera la instrumentación de los dos últimos números de
El Poema de una Sanluqueña, de la que mi abuelo había dejado terminados los dos primeros. La versión orquestal completa la estrenó la Orquesta en Sevilla en septiembre de 1982, asimismo coincidiendo con el centenario del nacimiento, con Luis Izquierdo a la batuta y Pedro León como solista de la hermosa parte de violín. Y ya como compositor, se incluyó mi pieza para piano
¡Ya "uté" ve…! (basada en un giro de tres notas con el que Turina personifica a María, camarera del Café "Nueva España", en
Recuerdos de mi rincón, y poco después en "La morena coqueta", de la primera serie de
Mujeres españolas) en el Libro-Homenaje a Joaquín Turina que editó el Ministerio de Cultura ese mismo año.
Luego vinieron sucesivos arreglos (de la
Serenata, de la
Escena andaluza, de
La oración del torero –para octeto de cuerdas, y para violín, clarinete y piano–), acompañados de muchos artículos, conferencias, notas a programas de mano y libretos de CDs, así como la edición crítica de la
Sonata española de 1907-08, descatalogada en su día por el compositor y rescatada por la Editorial Schott en 1991… Pero nada de todo ello es comparable al trabajo que supuso, durante el periodo que va octubre de 2014 a enero de 2016, la transcripción para quinteto de viento de cuatro obras de mi abuelo que se sitúan en algunos puntos clave de su producción. La iniciativa surgió después de un concierto en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid, a comienzos de octubre de 2014, en el que diversos grupos nacidos en el seno de la Joven Orquesta Nacional de España siendo integrantes de la misma todos sus miembros y desarrollando una carrera profesional como agrupaciones de cámara una vez terminada su pertenencia a la orquesta (como el Hércules Brass, el Trío Rodin, la Academia de las Luces y el Trío Vasnier, entre otros) fueron invitados para conmemorar el 30º aniversario de la JONDE.
La segunda parte del último de los dos conciertos celebrados estuvo ocupada íntegramente por el quinteto de viento Azahar Ensemble (1), a cuya presentación oficial tuve el privilegio de asistir como único invitado durante el Encuentro celebrado por la orquesta en Santiago de Compostela en julio de 2010. Al término del concierto, sus integrantes me manifestaron su pesar por el hecho de que en los ya numerosos conciertos que ofrecían fuera de España nunca podían satisfacer la petición de los organizadores de que el programa incluyera un quinteto de viento español de algún compositor de la "Generación de los Maestros", por la sencilla razón de que ninguno de ellos (ni Albéniz, ni Granados, ni Falla, ni Turina) escribió nada para dicha agrupación.
Pese a que el quinteto de viento se consolida, como género, a comienzos del siglo XIX (Danzi y Reicha son sin duda los compositores más representativos de ese periodo), incrementándose el repertorio de forma continuada a partir de ese momento y gracias a un importante número de compositores europeos y americanos, nuestros grandes compositores de final del fines del siglo XIX y de la primera mitad del XX se adscribieron a la tradición
aristocrática de la música de cámara (la compuesta especialmente para formaciones que contenían el piano, el violín y/o el violoncello), de raíz claramente decimonónica, frente a la claramente
plebeya de agrupaciones con base en los instrumentos de viento. Por no salirnos del catálogo de Joaquín Turina, en él se dan cita nada menos que 16 obras de cámara, integradas por tres cuartetos de cuerda (ya que como tal hay que considerar
La oración del torero, en su transcripción efectuada por su autor del original para cuarteto de laúdes), tres tríos con piano, un cuarteto con piano, un quinteto con piano, y cinco dúos para violín y piano. Y son verdaderamente curiosas las tres obras que restan hasta completar las 16 citadas, por lo poco representativas de las agrupaciones convencionales del género: un sexteto para viola principal, piano y cuarteto de cuerda titulado
Escena andaluza; una suite de nueve números, cada uno de los cuales está compuesto para una agrupación diferente a partir de la voz, el piano y el cuarteto de cuerda, denominada
Las Musas de Andalucía; y un
Tema y Variaciones para arpa y piano. Como puede comprobarse, en todas ellas brillan por su ausencia los instrumentos de viento.
En diversos artículos que escribí en torno al 50 aniversario de la muerte de Joaquín Turina, así como en varias conferencias, resalté ese grupo de obras como la parte más compacta e interesante del catálogo del compositor, que le hace brillar con luz propia en el panorama camerístico de la Generación de los Maestros. Ni Falla ni Albéniz compusieron obras para las agrupaciones clásicas (dúos y tríos con piano, cuarteto de cuerda, cuarteto y quinteto con piano), y sólo Granados se acercó al género con un
Trío con piano, un
Quinteto con piano y varias piezas para dúo con piano, entre las que destacan una
Sonata para violín y piano de la que sólo se conserva el primer movimiento.
Seguramente esa valoración mía hacia la música de cámara de mi abuelo, junto con la conversación con los integrantes del Azahar Ensemble al término del concierto antes citado, me llevaron a no dudar en embarcarme en la transcripción para quinteto de viento de algunas de sus obras más representativas. A modo de tanteo empecé la tarea con el
Sacro-Monte de las
Cinco danzas gitanas. El entusiasmo del quinteto al recibirlo, y el buen resultado que tuvo en su lectura, me animaron a completar la transcripción del resto de la suite, y tras ello vino unas semanas después la de
La oración del torero, cuya acogida fue igualmente favorable, tanto por los propios músicos como por el público que la escuchó en sus primeras interpretaciones. Ahí surgió la idea de la grabación de un CD, para lo que se hizo necesario ampliar el material con los arreglos de la suite
Sevilla y de los cinco movimientos de la segunda serie de las
Mujeres españolas. Finalmente, el CD se completó con el arreglo de mis propias
Variaciones sobre temas de Turina, compuestas originalmente para piano a cuatro manos con destino al homenaje familiar ofrecido a mi padre, el pintor José Luis Turina Garzón, al cumplir 90 años en 2009.

Portada del CD
Turina x Turina del Azahar Ensemble
Aunque soy consciente de que no es exactamente así, me gusta pensar que con las instrumentaciones para quinteto de viento de esas cuatro obras de Joaquín Turina he contribuido a ampliar un catálogo camerístico de peso indiscutible, pero en el que faltaba una parte dedicada a una agrupación avalada tanto por la Historia como por sus características tímbricas. Instrumentar esas piezas fue dar rienda suelta a partes iguales a los genes musicales heredados de mi abuelo y a los pictóricos de mi padre: la paleta –metafóricamente hablando– que proporciona el colorido del quinteto se adapta a las mil maravillas al color melódico y armónico de la propia música, haciendo resaltar el brillo, los contrastes, la pasión y el encantamiento que tanto abundan en esas partituras. Fue, en suma, un trabajo intenso y muy laborioso, pero cuyo resultado me ha proporcionado grandes satisfacciones. Y la presentación del CD en la Sala Manuel de Falla de la SGAE en febrero pasado constituyó asimismo una forma inmejorable de conmemorar el 70º aniversario del fallecimiento del compositor.
(1) El Azahar Ensemble, integrado por Frederic Sánchez (flauta), María Alba Carmona (oboe), Miquel Ramos (clarinete), Antonio Lagares (trompa) y María José García Zamora (fagot), obtuvo el segundo premio (el primero fue declarado desierto) y el Premio del público en el importantísimo concurso de la ARD de Munich en septiembre de 2014.
Madrid, agosto de 2019