La composición de esta obra coincide con un momento de intenso interés por mi parte hacia el lenguaje y todo lo concerniente al mismo, especialmente en sus tan tentadoras, aunque no menos espinosas, relaciones con la música.
El término metaplasmos no es otra cosa que el nombre genérico de lo que en gramática se conoce como "figuras de dicción", es decir, ciertas alteraciones introducidas en el uso de algunas palabras. De los metaplasmos posibles, he utilizado los tres que añaden letras al principio, en medio o al final de las palabras -prótesis (aqueste por este), epéntesis (Ingalaterra por Inglaterra) y paragoge (huéspede por huésped)-, y los tres que las eliminan al principio, en medio o al final -aféresis (norabuena por enhorabuena), síncopa (navidad por natividad) y apócope (ningún por ninguno)-. En estos Seis metaplasmos ello se trasluce en dos secciones que, a su vez, se subdividen en tres subsecciones cada una, en las que se propone una glosa de las diferentes figuras, en el orden arriba apuntado.
Así, las tres primeras giran alrededor de una frase compuesta integrada por una sucesión de acordes de triples y cuádruples cuerdas alternadas entre ambos violines, aglutinados en periodos, siempre sobre un fondo agitado, en forma de movimiento perpetuo. La frase va creciendo periodo a periodo y, posteriormente, disolviéndose de igual forma, y en su desarrollo cada periodo sufre alguna de las transformaciones propuestas por el metaplasmo utilizado, aplicado al discurso musical: en la primera subsección, Prótesis, cada período va precedido de algún elemento (uno o varios sonidos o acordes): en Epéntesis, el periodo se amplía de igual manera en su zona central: en Paragoges, por su parte, lo hace al final.
La segunda sección presenta un cambio de carácter y de textura, desarrollándose en un tempo lento, a base de secciones diferenciadas a las que sirve de enlace una sucesión de notas muy rápidas, que configuran una serie de doce notas, apresurándome a aclarar que nada tiene esta música de dodecafonismo, al menos en el sentido más académico del término. Siguiendo la idea de los tres restantes metaplasmos, la serie, presentada alternativamente en sus cuatro "dimensiones posibles", pierde en la primera subsección, Aféresis, uno de los cuatro primeros sonidos; en la segunda, Síncopas, uno de los cuatro centrales, y en la tercera, Apócopes, uno de los cuatro últimos.
Los Seis metaplasmos fueron compuestos en Madrid, en Agosto de 1990, y están dedicados a Polina Kotliarskaya y Francisco Comesaña, a cuyo cargo corrió el estreno el 3 de Febrero de 1991, en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.
El dúo formado por Polina Kotliarskaya y Francisco Comesaña, en 1991
Homenaje a Comesaña
Por Tomás Marco
(Crítica publicada en Diario 16. Madrid, 3 de junio de 1994)
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Todas las obras se habían escuchado ya en Madrid, y, por su importancia intrínseca, destacan los "Seis metaplasmos", de José Luis Turina, una preciosa obra en torno a las relaciones de la lingüística, más exactamente la gramática, y la construcción musical. Talento e impecable construcción al servicio de una música muy creativa y atractiva. Esta y las otras obras fueron impresionantemente bien tocadas por el dúo, que contó con el calor del público y la presencia de numerosos músicos en este homenaje a Francisco Comesaña, un músico no sólo recuperado para el país, sino importantísimo en el violín español de los últimos años.
Notas a un concierto
Por Tomás Martín de Vidales
(Crítica publicada en Diario 16. Madrid, 16 de marzo de 1995)
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Fresca, joven y lozana. No es fácil retomar el testigo de Bartok y batir una nueva marca. Noticia: El mundo de las palabras y el lenguaje de la música pueden reconciliarse.
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Violines a dúo
Por Carlos Gómez Amat
(Crítica publicada en el diario El Mundo. Madrid, 17 de marzo de 1995)
Programa insólito en el Ciclo de Cámara y Polifonía. Infrecuente por varios motivos: el dúo de violines, que rara vez se escucha, la programación ceñida al siglo XX y la extraordinaria atención a lo estrictamente contemporáneo. Pese a ello, la sala pequeña registró una buena entrada, y además el público respondió con verdadero entusiasmo y calor. Son malos los prejuicios y muchas veces se demuestra que los filarmónicos entran serenamente por el aro avanzado, cuando lo que se le ofrece es de calidad evidente.
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En sus Seis metaplasmos José Luis Turina juega con su visión musical de las figuras de dicción. Página condensada, de técnica impresionante.
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