José Luis Turina. Un compositor de presente para el futuro

por Tomás Marco

Artículo publicado en el dossier "Doce nombres para 1991" del suplemento Gente de Diario 16 (Madrid, 30 de diciembre de 1990)



En un país que sigue llamando «jóvenes compositores» a gentes que ya dejaron atrás los sesenta años, un hombre de treinta y ocho debe ser un «bebé compositor». Pero José Luis Turina no es otra cosa que un joven maestro. Madrileño, nacido en 1952, Turina, que lleva la gloria y la cruz de ser nieto del celebérrimo Joaquín Turina, el autor de las «Danzas fantásticas» y la «Sinfonía sevillana» y uno de los más conocidos compositores españoles de nuestro siglo, tuvo la osadía de dedicarse a lo mismo que su abuelo: a componer.
José Luis Turina se formó en Madrid con compositores como Antón García Abril y Carmelo Bernaola, pero ya acusó desde el principio una personalidad creativa propia que pronto culminaría también en un impecable oficio. En Italia estudió con Franco Donatoni y más tarde ha simultaneado su labor creativa con la pedagogía. Fue secretario y luego director del Conservatorio de Cuenca y desde 1985 es profesor de armonía del Conservatorio de Madrid. Pero mucho antes había iniciado una carrera compositiva llamando la atención en 1978 con su «Crucifixus» para cuerda y en 1980 con la obra orquestal «Punto de encuentro». La ópera «Ligazón» sobre Valle-Inclán recorrería con éxito varios puntos de España a partir de 1981 y en 1983 la Orquesta Nacional le encarga una obra que estrenó López Cobos. Fue «Pentimento», tocada en diversos lugares y ocasiones y que acaba de ser llevada al compacto. Las «Variaciones sobre dos temas de Scarlatti» y las «Exe- quías para Fernando Zóbel», con motivo de la muerte del pintor, aumentan su amplia consideración en 1986. Al año siguiente compone «Ocnos», una amplia composición sobre Luis Cernuda que ganaría el Premio Reina Sofía y la que hasta ahora se considera su obra maestra, el «Concierto para violín y orquesta» que se estrenaría con éxito arrollador en el Festival Internacional de Alicante y está también a punto de salir en compacto. En 1990 José Luis Turina ha sido repetidamente noticia y cabe destacar el estreno, encargo de la Comunidad de Madrid y es trenado el 2 de mayo, de su obra para coro y cuerda «Música ex lingua», de enorme impacto. Otra obra que accederá en breve al disco compacto. Y para 1991 no dejará de serlo, pues ya el 7 de enero se anuncia el estreno de «Punto de órgano» en los dedos de la organista Presentación Ríos con motivo de los conciertos inaugurales de los nuevos órganos del Auditorio Nacional, y sólo doce días más tarde, la Orquesta Nacional repone su «Concierto para violín y orquesta». Más adelante, la Orquesta Sinfónica de RTVE estrenará un encargo nuevo: «El arpa y la sombra», sobre la obra de Alejo Carpentier. Y el Festival de Alicante repondrá su «Fantasía sobre una Fantasía de Alonso de Mudarra».
José Luis Turina no corre el riesgo de ser simplemente un compositor de moda porque es ya un gran maestro. A su certera profesionalidad une una fantasía de primer orden y una capacidad para que su música cobre un atractivo sonoro sin igual que es capaz de prender al oyente sin hacer concesiones de lenguaje. Practica con desenvoltura las técnicas de la vanguardia o las estéticas de la posmodernidad. Pero en el fondo es sólo fiel a sí mismo y se está convirtiendo a pasos agigantados en el gran compositor de su generación. Es uno de los nombres del año que se va y lo será del que viene. Pero su permanencia en la cúspide de la música va para rato. Incluso puede que logre una difícil metamorfosis: dejar de ser con el tiempo el nieto de Joaquín Turina, que en el futuro puede ser principalmente su abuelo.