"El libreto hay que respetarlo siempre"

por Luis García Iberni

Entrevista publicada en la revista El Cultural (Madrid, 5 de diciembre de 1999)



Una de las personas que mejor conoce Margarita la Tornera es José Luis Turina, responsable de su edición crítica. El compositor madrileño estrenará en enero su Concierto para piano y orquesta en el marco del Festival Internacional de Música de Canarias y abrirá la próxima temporada del Liceo de Barcelona con su ópera D.Q., montada por La Fura dels Baus.

Para poder llevar a cabo la representación de Margarita la Tomera de Chapi ha sido imprescindible desempolvar los manuscritos originales, ubicados en la Biblioteca Nacional, y transcribirlos para ser adaptados a los requerimientos de las orquestas modernas. Ese trabajo de chinos ha sido realizado por José Luis Turina, nieto del compositor Joaquín Turina -que ha vivido un año intenso, con motivo de la conmemoración del cincuentenario de su muerte- y uno de los autores españoles cuyo nombre tiene una mayor presencia en los escenarios. En enero estrenará su Concierto para piano en el Festival de Canarias y, en otoño, abrirá la temporada del Liceo de Barcelona con D.Q., en un montaje de la Fura dels Baus.
La revisión de la ópera de Chapi ha sido un trabajo, a la par, duro y gratificante. "Es posible que muchas personas no sepan en qué consiste la labor de edición -señala-, pero llevar a cabo esto implica un doble esfuerzo. Por una parte eres un corrector de pruebas, lo que exige una meticulosidad extrema, porque es muy fácil que se te pueda escapar un bemol que suponga la alteración de todo el acorde, lo que obliga en los ensayos a parar y perder el consiguiente tiempo, del cual nunca se dispone mucho. De otro lado, hay que revisar aquellos posibles errores de la partitura original, eso que podríamos llamar ajuste fino, que exigen la inclusión de toda la gama de matices -agógicos, dinámicos y de articulación- que pide un músico de orquesta moderno, ya que quizá en la época de Chapí no se prestaba tanta atención a estos detalles porque allí estaba el compositor en persona para indicarlos".

Un auténtico bombazo
Ante la expectación levantada por su inmediato estreno en el Real, ¿qué opinión tiene de esta obra?
- Estoy seguro de que va a ser un bombazo. Es una composición espléndida. No se explica que, después del éxito que obtuvo en su estreno en 1909, haya habido que esperar tantos años para poder escucharla cuando tendríamos que volver a ella con regularidad. Quizá el hecho de que Chapí abandone el toque castizo, característico de algunas de sus obras de género chico y asuma una estética más europea, sea la razón de que se haya olvidado. Pero no se justifica. La orquestación, de la cual yo he aprendido mucho, por cierto, es excelente, pensada para una amplia formación post-wagneriana. Y en lo que se refiere al tratamiento temático, es fantástico. Hay un momento, al final del primer acto, coincidiendo con las dudas de Margarita ante su posible huida con Don Juan, donde se obtiene una de las mejores páginas contrapuntísticas y armónicas de la música española.
- El Festival de Canarias estrenará pronto su Concierto para plano.


- Fue un encargo de su director, Rafael Nebot, que me dio libertad absoluta, con la condición de que fuera una obra orquestal de amplias dimensiones. Me apetecía introducirme en el mundo del concierto para piano porque, si bien ya había hecho uno para violín y había trabajado más la cuerda, no me habla enfrentado todavía a esta opción, que ofrece unas particularidades muy sabrosas.

Raíces románticas
- ¿Cuáles son, en concreto, esas particularidades?
- El piano es un instrumento que empasta mal con la orquesta, siempre sobresale, mientras que, en el caso del violín o del cello, viene a ser como si sacaras de la formación sinfónica a uno de sus miembros y lo enfrentaras al resto. Mi concepción, por ello, tiene ciertas raíces románticas, porque intenta solucionar el eterno problema del equilibrio de un solista como el piano con todo el conjunto.
- ¿Cómo ha con- figurado su obra?
- Dura una media hora y está estructurada en tres secciones, siguiendo casi el patrón clásico. La primera y la útima son simétricas, mientras que la central se construye sobre unas variaciones en canon, donde el piano dialoga con los diferentes instrumentos en una especie de zig-zag.
- La obra será estrenada por Guillermo González y la Orquesta Sinfónica de Tenerife.
- Cuando lo escribí no había ningún solista previsto, por lo que me alegré mucho de la elección de Guillermo González, un artista extraordinariamente meticuloso. Y tengo que decir que su esfuerzo ha de ser importante, porque la pieza es bastante difícil. En los últimos tiempos hemos trabajado juntos porque, a veces, el compositor puede tener el deseo de llevar a cabo cosas que, a lo mejor, no son factibles. El que conozca mi obra anterior se puede encontrar con que apenas hay referencias previas, que es una pieza muy cambiante en tempo y ritmo.
-Y de un reto a otro. La próxima temporada del Liceo de Barcelona se abrirá con una composición suya, D.Q. ¿Qué significa el título?
- D.Q. quiere decir Don Quijote. Está compuesta a partir de un libreto de Justo Navarro, y es una especie de variación muy libre sobre el mítico personaje que me ha llevado más de tres años. Siempre he estado fascinado por la ópera como género. Sin embargo, después de haber trabajado hace tiempo sobre un texto de Valle-Inclán en una experiencia juvenil, me di cuenta de que necesitaba explorar otros ámbitos, así que lo dejé descansar durante doce años. Es muy difícil escribir una ópera porque tienes unas limitaciones que vienen del trabajo sobre un texto, lo que implica desarrollar las posibilidades sonoras del idioma a partir del mismo. Me ayudó bastante el contacto con Agustín García Calvo, que quería fundar una escuela de las artes del lenguaje, una idea muy interesante que por múltiples circunstancias no llegó a materializarse. Por muy complejo que sea, entiendo que estamos ante una ópeгa, y que el libreto hay que respe- tarlo siempre. Si no, habría que pensar en otra cosa. Por esto surge el gran reto: obtener lo que tú quieres, respetando el trabajo de los demás.
- El teatro lirico se mueve mucho, con apuestas muy arriesgadas que exigen del público una gran caраcidad de percepción. Tal es el caso de autores como Berio, donde, si no se conoce profundamente el argumento, se puede establecer una barrera muy profunda entre el público y la obra.
- Procuro que haya unas mínimas garantías de comprensión inmediata. En este caso, me consta que la obra, escénicamente, va a ser deslumbrante. La Fura dels Baus tiene un increíble dominio de lo que supone el teatro musical, como se pudo comprobar este verano con su montaje de La condenación de Fausto en Salzburgo. Además, el libreto es bastante claro, una historia contada poéticamente que me parece que el espectador puede apreciar sin demasiado esfuerzo.